Gerardo nació para ser un alma libre. Buga lo vio nacer y Medellín lo adoptó. Lleva 50 años trabajando por comunidades olvidadas, devolviéndoles dignidad a través de la educación y conversaciones incómodas.
“Soy un romántico de la vida”, así se define Gerardo Pérez , quien creció en una familia numerosa y privilegiada de una ciudad tradicional, religiosa, de ritmo pausado y donde las calles empedradas y la brisa del Valle del Cauca parecían invitar a quedarse. “Soy el 11 de 12 hermanos –cuenta –. Crecí muy solo por la diferencia de edad que había entre nosotros, pero rodeado de dos samanes y muchos animales en una casa grande”.
Desde niño, dejaba entrever un espíritu inquieto que parecía estar impreso en su ADN. Sus recuerdos de infancia se entrelazan entre la fantasía y la libertad, impulsadas no solo por su madre, sino también por uno de sus tíos políticos, un hombre afrodescendiente quien, en una época de gran racismo lo introdujo a la literatura, al ajedrez y al mundo de la información global a través de un radio de onda larga.
Sin embargo, su padre, con la idea de inculcarle disciplina y rigor, y al verlo tan independiente y ‘libertino’, decidió matricularlo en un colegio privado “La primaria fue muy tortuosa porque pasé de la libertad total a un colegio donde al rector lo llamaban ‘el domador’. Mi padre, simplemente, no podía con mi libertad”, recuerda Gerardo.
Ahí, entre pupitres alineados y horarios estrictos, empezó a entender que la verdadera libertad no era solo correr sin rumbo, sino encontrar su propio camino. Desde joven, su fascinación por el movimiento lo convirtió en un curioso y observador incansable, y fue así como a sus 17 años terminó el bachillerato, empacó una maleta ligera y emprendió un viaje sin fecha de retorno. Su destino: Medellín.
Del privilegio a la realidad
Era 1972, cuando llegó a Medellín. “Venir del Valle a Medellín era como cambiar de país, llegar a una cultura distinta”, agrega Gerardo.
Aunque inicialmente quería estudiar biología, decidió complacer a su padre y estudiar ingeniería industrial en la Universidad Nacional. Pero Gerardo sentía que su propósito iba más allá de las aulas. Lo que realmente transformó su visión del mundo fue el primer contacto con sus compañeros, muchos de ellos provenientes de barrios vulnerables. “Fui consiguiendo mamás en las casas de mis compañeros”. Y así, con el privilegio con el que había crecido, pero en una ciudad ajena para él, Gerardo comenzó a notar lo que muchos pasaban por alto: en la periferia de Medellín se gestaban comunidades invisibles, barrios construidos con esfuerzo y mucha necesidad.
Desde la universidad, comenzó a vincularse a movimientos estudiantiles, liderando asambleas. Empezó a trabajar con comunidades, organizando proyectos para mejorar las condiciones de vida en los barrios periféricos de Medellín. Se vinculó a diversas ONG y a organizaciones comunitarias, convencido de que la transformación social debía surgir desde la gente misma.
‘Piel a piel’ con las comunidades
Ya como profesional, este líder Origen fue subdirector de la Corporación para el Desarrollo Comunitario y la Integración Social, CEDESIS, donde dedicó su vida a liderar proyectos de impacto social. Esta organización abrió 50 sedes en sectores periféricos, llevando educación, capacitación y proyectos de emprendimiento a las comunidades más golpeadas.
Uno de sus legados más importantes es el proyecto ‘Bajo la Piel’, creado para conectar a los ciudadanos con las diferentes zonas de la ciudad y promover el diálogo entre sectores públicos, privados y comunitarios.
“En ocho años, cerca de 6.000 personas han participado en estas conversaciones, que han permitido visibilizar realidades muchas veces ignoradas”. Estas experiencias han sido recopiladas en su libro Bajo la piel de Medellín (2019), donde recoge historias de lucha, superación y resistencia que ha encontrado en su camino.
Volver al Origen
A sus 65 años, dudó sobre si era demasiado adulto para pertenecer al programa Liderazgo, Transformador y Diversidad (LTD), de Origen. “Me lo recomendó una amiga, quien me contó su experiencia en Origen y lo mucho que le había gustado, así que, siguiendo su consejo, me postulé y fui seleccionado”.
Su paso por Origen transformó por completo su forma de relacionarse con los demás, de liderar y de construir confianza. “Lo que más me impactó de Origen fue su manera de abordar el liderazgo desde una perspectiva poco convencional. Estaba acostumbrado a modelos de liderazgo que prometían recetas perfectas, pero aquí descubrí que liderar comienza desde el ser, desde los retos y las dificultades personales”.
Gerardo sigue recorriendo las mismas calles que lo vieron crecer como líder. Su andar se ha vuelto más pausado, pero su espíritu sigue intacto. No busca reconocimientos ni aplausos, porque su mayor recompensa está en las comunidades de esas partes de Medellín que no se ven y que ayudó a fortalecer.