El liderazgo de Francisco Pedraza no empezó con un cargo ni con un rango. Su liderazgo comenzó a formarse en la infancia, en el seno de una familia bogotana, donde el cuidado y la responsabilidad llegaron temprano. Desde muy joven, este líder Origen, exmilitar y deportista paralímpico, asumió un rol protector frente a sus hermanas, entendiendo que liderar también era responder por otros y sostener cuando hacía falta.
Y ese sentido de responsabilidad sería el que marcaría para siempre su manera de estar en el mundo.
Entre madrugadas, disciplina y fuego cruzado
A los 16 años, Francisco soñaba con estudiar ingeniería de sistemas y planeaba cubrir sus gastos universitarios con los ahorros de sus primeros trabajos. Empezó en ornamentación y, tiempo después, pasó a ayudar a su tío en la administración de un negocio en Corabastos. Allí se encontró de frente con la realidad del esfuerzo diario, la disciplina y el valor del trabajo bien hecho. Fueron años de madrugadas, rendir cuentas y resolver sobre la marcha.
Casi sin darse cuenta, fue forjando su carácter y cultivando la constancia y un fuerte sentido del deber, que más adelante encontrarían su cauce.
El ingreso a la vida militar, con 18 años, no fue una huida ni una imposición, sino una decisión consciente. Para Francisco, el Ejército representaba una posibilidad de servir, pero también le atraían el entrenamiento y la exigencia física. Tras superar el proceso de formación, encontró un espacio donde no solo se hablaba de liderazgo, sino que se ejercía: en el cuidado de los soldados, en la preparación constante, en la toma de decisiones bajo presión y, sobre todo, en la responsabilidad por la vida de quienes caminan a su lado.
Si bien a los 19 años fue enviado por primera vez a San Vicente del Caguán, una zona con presencia histórica y muy consolidada de la guerrilla, años después regresó, y fue allí donde lideró soldados en escenarios de combate y enfrentó de cerca el miedo, la pérdida y la muerte, no solo de sus compañeros, sino también de campesinos y personas inocentes. Fue en ese contexto en el que este suboficial entendió que liderar no es solo avanzar, sino detenerse a escuchar, reconocer y acompañar.
Cuando el dolor se transforma en libertad y propósito
En 2004, durante un enfrentamiento con la guerrilla que se prolongó por más de 20 días en esa misma región, Francisco perdió ambas piernas al pisar un campo minado. Más que un quiebre definitivo, fue un punto de inflexión que redefinió su camino. Desde el hospital, y luego en su proceso de rehabilitación, reafirmó su manera de pararse frente a la vida: asumir lo que ocurre no desde la queja, sino desde la resiliencia, la gratitud y la acción.
Y mientras atravesaba su recuperación física y emocional, que no fue fácil, el deporte reapareció en su vida, aunque desde una realidad completamente distinta. Como parte de los programas de bienestar y adaptación física se encontró con la handbike (bicicleta de mano), una herramienta que le devolvió la confianza y las ganas de volver a retarse e imaginar nuevos objetivos.
Como deportista paralímpico, fue campeón nacional en 2008 y 2012; representó al país en unos Juegos Parapanamericanos y en competencias internacionales, y participó en eventos como los Invictus Games, una competencia creada por el Príncipe Harry, donde tuvo la oportunidad de compartir con él. De forma casi paradójica, fue a partir de la pérdida de sus piernas que Francisco encontró la libertad y la posibilidad de recorrer el mundo, algo que reconoce no habría sido posible de otra manera.
En 2015, mientras trabajaba en la Dirección de Veteranos y Rehabilitación Inclusiva del Ministerio de Defensa, llegó a Origen y participó en el Programa Integral de Liderazgo. Allí fue referente de reconciliación y junto con varios de sus compañeros, entre actores del conflicto armado y víctimas, crearon la iniciativa el Abrazo de la Paz, orientada a reconstruir confianza y tejido social entre diversos.
Como líder Origen, ha llevado su historia de vida y aprendizajes a distintos escenarios a través de conferencias en las que habla de resiliencia, disciplina y propósito. No comparte teoría: comparte su experiencia. Y, desde allí, acompaña a soldados heridos; rompe prejuicios sobre la discapacidad y la vida militar, e inspira a niños, jóvenes y organizaciones a asumir la adversidad como un punto de partida y no como un final.
Hoy, Francisco encarna un liderazgo que trasciende las jerarquías y etiquetas. Un liderazgo que se sostiene en el ejemplo y en la coherencia. Su historia nos recuerda que el verdadero liderazgo no se define por las circunstancias favorables, sino por la capacidad de seguir cuidando a otros, incluso cuando la vida cambia para siempre.
