Con el corazón hecho pedazos y un silencio que parecía imposible de habitar, Alba Reyes decidió levantarse. A pesar del dolor, entendió que su voz podía impedir que otros corazones se rompieran como el suyo. Convencida de que el diálogo, la reconciliación y el amor pueden cambiar a Colombia, Alba encontró en la defensa de los jóvenes un propósito que la sostiene y la impulsa cada día.
Como muchos recordarán, el nombre de Sergio Urrego, su hijo de 16 años, conmocionó al país en 2014 tras su muerte. Sergio se quitó la vida luego de ser víctima de «discriminación por su orientación sexual por parte de las directivas del colegio donde estudiaba, dejando en evidencia la urgencia de garantizar espacios escolares seguros.
Apenas un año después del fatal suceso, Alba decidió que la historia de su hijo no quedaría marcada por la injusticia, sino por la esperanza, así que creó la Fundación Sergio Urrego, que trabaja por prevenir el acoso escolar en todos los ámbitos educativos, así como prevenir el suicidio motivado por discriminación en niños, niñas, adolescentes y jóvenes, a través de jornadas de formación, charlas TEDX, programas educativos y la certificación Sello Sergio Urrego.
Liderazgo con impacto en los territorios
Gracias al liderazgo de esta madre colombiana, esta fundación ha llegado a más de 156 municipios del país, incluidos territorios profundamente afectados por el conflicto armado.
“Yo, con el corazón roto, quería hacer cosas –recuerda Alba –. Recibía mensajes de jóvenes por Facebook invitándome a dar charlas en los colegios, y empecé a viajar los fines de semana a Medellín para conversar con colegios y comunidades”.
Con el pasar de los años, y a través de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), la labor de nuestra líder Origen y su equipo ha impactado a más de un millón de personas y a más de tres mil entidades, puesto que han fomentado la creación de espacios seguros y desarrollado jornadas de formación sobre la importancia de la salud mental de niñas y niños. Además, ha participado en iniciativas impulsadas por USAID, como el Proyecto Convivamos, con el cual pudo ampliar el alcance a más instituciones.
El liderazgo de Alba, quien también logró el otorgamiento de grado póstumo a su hijo, ha sido destacado internacionalmente. En 2018, fue reconocida por Human Rights Campaign como Innovadora Social Global, y en 2019 por USAID como Embajadora por la Reconciliación. Gracias a esta última distinción, Alba fue elegida para representar al país ante el Banco Mundial, en Washington, donde alzó su voz para hablar sobre la salud mental de los jóvenes.
La Fundación Sergio Urrego también ha construido procesos rigurosos de transformación institucional. A través de una doble certificación, acompaña a colegios y organizaciones en evaluaciones profundas que incluyen el trabajo en equipo con docentes, la revisión de manuales de convivencia para el cumplimiento de la ley colombiana (gracias a una sentencia de la Corte Constitucional promovida por Alba) y auditorías que garantizan la implementación real de los cambios propuestos. No se trata solo de cumplir normas, sino de transformar culturas desde el cuidado y la empatía.
El sentido de comunidad amplifica las causas
Como fruto de su paso por el Programa de Liderazgo Público Transformador de Origen, Alba asegura que logró organizar mejor el trabajo de su equipo, fortaleciendo su liderazgo en las ocho coordinaciones de la fundación y optimizando los procesos de seguimiento de cada uno de los casos que reciben. “Esta experiencia me permitió ampliar mi mirada sobre el liderazgo, entendiéndolo desde la vulnerabilidad y el aprendizaje mutuo”, revela Alba, quien es una de las líderes que más aprovecha el relacionamiento y los espacios de fortalecimiento de la Comunidad Origen.
De hecho, gracias a lo que denominamos #ConexionesOrigen, el año pasado se pudo agilizar el proceso de entrega de la nueva sede de la fundación, un inmueble solicitado a la SAE y cuyo trámite no avanzaba. Alba, quien se reencontró con un reconocido líder del sector público en la Comunidad, le solicitó ayuda para acelerar la gestión, y fue así como recibió prontamente lo que hoy se ha convertido en un centro cultural inclusivo y símbolo de lucha contra la discriminación.
Hoy, con su centro cultural ya en pie, su sueño va más allá de un espacio físico: es el anhelo de que niñas, niños y jóvenes encuentren allí un lugar donde sentirse acompañados, escuchados y valorados por quienes son. Su deseo: que aprendamos a reconocer y valorar la diversidad para tejer una convivencia que cuide, incluya y sostenga a nuestra sociedad.
